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Posted inEl Cuarto Propio

Adiós a las ECOSIG

Adiós a las ECOSIG
Adiós a las ECOSIG

Nada hay que convertir, ningún ser humano deberíamos ser estigmatizados por nuestro género o nuestras preferencias sexuales, más de 5 años cabildeando para que las mal
llamadas “terapias de conversión” fueran prohibidas y con multas de hasta 6 años. Esta medida marca un punto de inflexión en la lucha contra la discriminación y la violencia hacia la comunidad LGBTQ+.

Las ECOSIG, esa triste reliquia de un pasado obscuro, han sido finalmente prohibidas en nuestro país.

Estas prácticas, disfrazadas de “terapias reparadoras” o “de conversión”, han sido durante demasiado tiempo una amenaza persistente para los derechos y la integridad de las personas LGBTQ+.

El objetivo de estas terapias era simple pero devastador: negar la identidad sexual y de género, coaccionando para que se supriman o cambien aspectos fundamentales de las personas.

No solo eran peligrosas, sino que también eran profundamente inmorales y violatorias de los derechos humanos más básicos.

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Durante décadas, las principales organizaciones médicas y de salud mental han condenado inequívocamente estas prácticas.

Sin embargo, su persistencia hasta el día de hoy revela una dura verdad: a pesar de los avances en la lucha por la igualdad, la discriminación y el prejuicio siguen siendo fuerzas poderosas en nuestra sociedad.

El simple hecho de que algunos profesionales continúen llevando a cabo estas terapias es un recordatorio alarmante de la persistencia de la intolerancia y la ignorancia en nuestras comunidades.

Las palabras de una víctima de estas terapias son reveladoras:

“Se construye una idea de que todo lo que sentís está mal”.

Esta declaración encapsula la crueldad y el daño infligido por estas “terapias”.

Al obligar a las personas a negar su identidad, estas terapias no solo niegan su verdad, sino que también las sumen en un estado de confusión, vergüenza y auto-represión.

Muchas de estás terapias incluían agresiones físicas y psicológicas cometidas contra las personas para obligarlas a dejar de lado sus preferencias sexuales.

Buscando transformar a una persona no heterosexual, trans o género diverso en lo alguien heteronormado.

Es por eso que la reciente prohibición de las terapias de conversión en la Cámara de Diputados es un paso crucial hacia la justicia y la igualdad.

Con 267 votos a favor, esta medida envía un mensaje claro y contundente: en México, no toleraremos la violencia y la discriminación contra la comunidad.

Es un acto de afirmación de los derechos humanos y de rechazo a todas las formas de intolerancia y odio.

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Sin embargo, debemos ser conscientes de que aún queda mucho por hacer.

Los 104 votos en contra y las 33 abstenciones son un recordatorio sombrío de que la lucha por la igualdad está lejos de terminar.

Cada voto en contra de esta prohibición es un voto en contra de los derechos humanos, un respaldo a la discriminación y un acto de complicidad con el sufrimiento de las personas LGBTQ+.

En este momento histórico, es crucial que nos mantengamos firmes en nuestra determinación de construir una sociedad más justa e inclusiva.

Debemos seguir desafiando el odio y la ignorancia dondequiera que se manifiesten y trabajar incansablemente para garantizar que todas las personas, independientemente de su orientación sexual o identidad de género, sean tratadas con dignidad y respeto.

El adiós a las “terapias de conversión” (ECOSIG) es solo el comienzo, tardío pero comienzo.

Nos leemos en la próxima columna esperando que los tíos conservadores no salgan con sus ideas retrógradas y nosotras, nosotros y nosotres podamos disfrutar de nuestra sexualidad y género sin normas impuestas.

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