El primer ministro británico, Rishi Sunak, admitió este viernes la derrota del Partido Conservador al afirmar que “el Partido Laborista ha ganado las elecciones” generales celebradas el jueves.

Sunak, que conserva su escaño de diputado, se disculpó por lo que se prevé como una derrota histórica para su formación y asumió su responsabilidad, al tiempo que adelantó que en las próximas horas dejará la jefatura del gobierno.

Rishi Sunak llegó hace veinte meses a Downing Street como un empresario de éxito convencido de que arreglaría el Partido Conservador y el país como el ejecutivo que pone a flote una compañía al borde de la bancarrota, pero ser primer ministro es más complicado que eso.

Hoy se ha marchado humillado, después de que todos sus intentos de cambiar las cosas fracasaran, responsable (por lo menos en parte) de una de las derrotas más aplastantes del Partido Conservador desde su nacimiento hace casi dos siglos.

“Es un día difícil después de muchos días difíciles”, dijo a la puerta del número 10, antes de subir al que ha sido su coche oficial, camino del Palacio de Buckingham para presentar su renuncia al rey Carlos III y entregar las llaves a su sucesor, Keir Starmer, después de que la presencia conservadora en la Cámara de los Comunes quedara reducida a 121 escaños, por 412 del Labour.

Los británicos no se andan con chiquitas a la hora de las transiciones políticas, uno se va, otro entra y santas pascuas.

Sunak ya no es primer ministro, y tampoco va a ser por mucho tiempo jefe de la oposición.

El Primer Ministro Británico Rishi Sunak

Anunció que abandonará el liderazgo del partido en cuanto se hagan los arreglos necesarios para elegir a su sucesor (o sucesora), un proceso que va a enfrentar al sector moderado y a quienes quieren convertirlo en un grupo de ultraderecha racista y xenófoba como la que está prosperando en Europa.

Entre los candidatos figuran Kemi Badenoch, Priti Patel, Robert Jenrick y Tom Tugendhat. Otros aspirantes como Penny Mordaunt y Grant Schapps perdieron sus escaños en la masacre del 4 de julio, y sus carreras han sido liquidadas.

“Estoy orgulloso de haber devuelto la estabilidad a la economía, reducido la inflación y recuperado el crecimiento”, dijo en una mañana gris, acorde con el estado de ánimo de los conservadores, “de haber conseguido la restauración del gobierno autónomo de Irlanda del Norte, y de dejar un país más fuerte, más justo, más seguro y próspero”, un análisis un tanto subjetivo y un juicio demasiado benévolo de su gestión.

Si fuera así, los votantes no habrían castigado con tanta saña a él y a su partido…

Los políticos británicos saben perder con elegancia, y Rishi Sunak se despidió dando la enhorabuena a Starmer, calificándolo como “una persona decente entregada al servicio público”, y deseándole buena suerte, algo impensable en otras latitudes (a ambos lados del Atlántico) donde lo primero que hace el derrotado es cuestionar la victoria del rival y considerarla ilegítima.

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Con esa misma dignidad entregaron sus escaños la ex primera ministra Liz Truss, el ultraconservador Jacob Rees-Mogg y otras víctimas de la masacre.

Sunak, en su emotiva despedida, recordó que ha sido el primer líder del país de origen asiático, y defendió la tolerancia y la decencia como valores del carácter británico. }

Si su sucesor al frente de los conservadores está de acuerdo u opta por el camino fácil de la xenofobia y el racismo se verá pronto. Él lo verá desde el otro lado de la barrera.

El Partido Conservador sufrió una derrota histórica al perder más de 240 escaños y quedarse con apenas 119, menos del nivel más bajo registrado por esa formación en 1906, cuando sacó 156 escaños.

Varios ministros conservadores fueron derrotados por los avances de los liberaldemócratas en circunscripciones tradicionalmente ‘tories’, como ha sido el caso de la ministra de Educación, Gillian Keegan, el titular de Justicia, Alex Chalk, la responsable de Cultura, Lucy Frazer, o la de Ciencia, Michelle Donelan.

Los Toris castigados por los votantes

La ex primera ministra ‘tory’ Liz Truss, cuyo mandato duró apenas 44 días tras su desastroso plan fiscal que hizo temblar los mercados en 2022, perdió su escaño inglés de King’s Lynn & Norfolk, que recayó en manos de los laboristas.

Sunak, que había convocado las elecciones el 22 de mayo, confiaba en repetir mandato con el mensaje de una mejora de la economía por la caída de la inflación interanual, que en un año pasó de más del 10 % al 2 %, el objetivo marcado por el Banco de Inglaterra.

Los ‘tories’ fueron castigados por los votantes después de un gran desgaste político a raíz de las maratonianas negociaciones del Brexit, la pandemia, la crisis energética por la guerra de Ucrania, los escándalos que plagaron la gestión de Boris Johnson -por el “partygate” (las fiestas en Downing Street durante la pandemia de COVID-19)-, y por la crisis del coste de vida y el aumento de la inmigración.

En apenas dos años, el Reino Unido ha tenido cuatro primeros ministros: los conservadores Boris Johnson, Liz Truss y Rishi Sunak y ahora el laborista Keir Starmer.

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